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El hombre de 24 años, Juan Herrera, fue detenido bajo acusación de robo de un vehículo, presentado en tiempo ante un juez de garantías, con fiscal por medio, se le envió a prisión, no en una cárcel regular sino en un retén provisional que en San Cristóbal tiene la policía regional Politáchira. El padre del procesado fue a hablar con sus autoridades gestionando una ubicación no peligrosa para su hijo, los policías le pidieron doscientos mil bolívares para ponerlo en una celda de menor peligrosidad pero el hombre no tenía ese dinero por lo que no pudo cumplir con el requerimiento, su hijo fue a parar a las celdas ordinarias.

El papá, Carlos Herrera trató de verlo, de hablar con él pero en ese lugar, como en todas las prisiones en Venezuela, los presos establecen su gobierno interno que ejercen los llamados “Pranes”, sujetos de la más alta peligrosidad capaces de violencia sin límites, ellos ponen cuotas a los otros para cualquier cosa, así como determinadas conductas que van desde la homosexualidad hasta las de realizar trabajos de custodia, cocina, etc. El “Pran” jefe, un tal Juan Gabalzón, impuso al padre de Juan Herrera una cuota para que pudiera ver a su hijo: que le entregara un vehículo, exigencia que no le fue posible cumplir.

Al poco ocurrió esta casi inenarrable tragedia:

Un grupo de cerca de 40 presos en acción coordinada y de seguro ordenada por el Pran, agarraron al nuevo preso Juan Herrera, lo inmovilizaron y le dieron de puñaladas, cuarenta dicen que le propinaron, entonces lo colgaron para que se desangrara, ocurrido lo cual llamaron a un caníbal allí recluido de nombre Dorángel quien dirigió el descuartizamiento, poco a poco le fueron cortando la cabeza, los brazos, las piernas, y en la medida en que iban desprendiéndole las partes del cuerpo se las iban dando a los otros presos para que las comieran allí de inmediato bajo amenaza de hacerles lo mismo si desobedecían, dos policías trataron de evitar aquella carnicería, los agarraron los desnudaron y los violaron también en medio de un jolgorio; algunos de los presos no pudieron comer la carne del otro y les dieron golpes con martillos rompiéndole brazos, piernas, a otros les amputaron dedos.

La macabra historia fue narrada por el propio padre de la víctima en medio de un inconsolable lloro “solo he querido tener algo de su cuerpo para hacerle un funeral” es lo que repetía Carlos Herrera. La tragedia está publicada en el diario El Nacional (Caracas) y este es el link:

http://www.el-nacional.com/sucesos/Padre-preso-Politachira-Descuartizaron-hijo_0_937106563.html