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El Comité Noruego del premio justificó la distinción “por sus decididos esfuerzos para terminar con más de cincuenta años de guerra civil que ha costado a Colombia al menos 220.000 vidas

El premio se ha dado no obstante el fracaso de la propuesta en las urnas porque según los dadores del premio “Se ha acercado de forma significativa hacia una solución pacífica el sangriento conflicto y ha sentado las bases para el desarme verificable de las Farc y un proceso histórico de reconciliación nacional” y sentenciaron que “Sus esfuerzos (de Santos) para promover la paz cumplen por tanto los criterios y el espíritu de la voluntad de Alfred Nobel

¿QUE ES EL PREMIO NOBEL? Es una distinción que se viene dando hace 100 años y que fue creado por nada menos que por el señor que inventó la dinamita.! Alfred Nobel fue un exitoso empresario que se dedicó a la fábrica de armas que en su mayoría inventaba y cuando murió legó casi toda su gran fortuna al premio que creó para darlo a personas que se destacaran en hechos a favor de la humanidad en los campos de la física, la química, la medicina, la literatura y la paz.

¿QUÉ HIZO SANTOS PARA MERECERLO? El presidente colombiano armó todo un andamiaje político/jurídico para lograr un compromiso que diera con el fin de la larga guerra civil, y no ha debido serle fácil porque siendo Ministro de la Defensa en el gobierno de Uribe dio duros golpes a la guerrilla, pero lo cierto es que logró sentarse en la misma mesa con el patrocinante ideológico Fidel Castro, el sostenedor territorial y propagandístico Hugo Chávez, para luego atraer a Marulanda, Iván Márquez y otros. Ese fue un gran paso, luego, el siguiente, que fue concretar las aspiraciones, se llevó cuatro años que se concertaron en 247 cuartillas que denominaron “Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera” acuerdo que solo tendría validez si lo aprobaba la mayoría de los colombianos habilitados para votar en un plebiscito expresamente convocado para ello. El Acuerdo se firmó el 8 de Agosto y debería votarse el 2 de Octubre, menos de dos meses después.

EL ACUERDO es un complejísimo tratado que contiene detalles de los compromisos y su desarrollo para ser implementados. Obvio que si tardaron 4 años para construirlo, resultaba muy poco para el electorado disponer de menos de dos meses para leerlo y comprenderlo, de modo que esa consulta en realidad no correspondía con una actitud real, era solo para llenar un requisito de apariencia, para que Santos siempre dispusiera de la excusa del apoyo popular.

POR OTRA PARTE, la avasallante publicidad oficial impedía el discernimiento de los electores a quienes se bombardeaba con mensajes por la paz sin dar oportunidad para saber la correspondencia con el precio a pagar por ella, y en esto se empleó hasta el apresurado “Reality Show” de Cartagena. POSTERIORMENTE se ha visto que el mencionado acuerdo solo era un diferimiento del conflicto, un alto al fuego que daría a las FARC un segundo aire para su fortalecimiento en todo sentido y casi sin contraprestación, solo estaban obligándose a dejar de matar, de secuestrar, de traficar, de extorsionar…por ahora.

¿SANTOS PECÓ POR INOCENTE O SOLO QUERÍA EL PREMIO A COMO DIERA LUGAR? Santos no es un tonto, es un avezado político, siempre supo lo que hacía, que se había comprometido a más de lo permisible, que esas cláusulas en las que obligaba al Estado a dar concesiones exageradas y hasta abominables a la guerrilla no serían bien admitidas por la sociedad colombiana, esas cláusulas de “letras chiquitas” fueron descubiertas y difundidas por el ex presidente Uribe y su partido Centro Democrático, que gracias al esfuerzo que contra reloj hicieron lograron alertar lo suficiente para que el plebiscito diera el resultado que finalmente dio.

¿ENTONCES FUE UN ESFUERZO VERDADERO POR LA PAZ? Es una pregunta válida. Hay quien piensa que Santos en vez de premio merece condena por su intento de engañar, de dar fuerzas a la guerrilla, y de hacer eso escurriendo la responsabilidad personal que transfirió al pueblo mediante un plebiscito tachado de apresurado ventajismo y cargado con toda la fuerza publicitaria que le fue posible al Estado. Esa paz ahora deberá ser rediseñada, eliminando dádivas, exigiendo desmontar de verdad y sujeto a verdadera verificación el aparato narcoterrorista de la guerrilla, sujeción a la justicia formal del Estado, ofreciendo resarcimiento a las víctimas, castigo real por crímenes calificados como de lesa humanidad, y otras condiciones que lleven a una paz verdadera.